Hola, me llamo Ricky. Soy un gato joven, sólo tengo 3 o 4 años. Creeréis que soy afortunado porque nací en una casa y no en la calle, pero no todo en esta vida es como parece.

Si, nací en una casa, habían más gatos, cada año nacían nuevos gatitos sin control y a veces eran atacados por el perro, no se preocupaban mucho por nosotros porque entrábamos y salíamos sin interesarles si volvíamos o no, no nos desparasitaban, ni daban buena alimentación. Una casa donde no nos esterilizaban para que no siguieran viniendo más pequeños a este mundo; para luego quejarse porque "nadie quiere a los gatitos". Hace meses decidieron que ya no querían que siguiéramos allí. La solución fue rápida e indolora para ellos, nos abandonaron a nuestra suerte.

Tuve la fortuna de encontrar un sitio donde había más gatos, gatos que no habían nacido en una casa, y en vez de echarme, me dejaron acercarme al lugar donde unas personas les ponían agua y comida cada día. Estaba muy asustado y un poco enfermo, estornudando y tosiendo, pero poco a poco empecé a dejarme ver y comencé a acercarme. Cada noche nos traían latita, pero yo me la comía alejado de ellas, aún con recelo. Así poco a poco me fui acercando, pero una noche, de golpe, apareció un perro enorme que salió corriendo hacia nosotros y tuvimos que huir aterrorizados. Me asusté tanto que no volví. Ahora se que esas personas que nos cuidaban estaban muy preocupadas. Sabían que el perro no me había alcanzado, pero pensaron que algo malo me debía haber pasado.

Durante estos meses sobreviví como pude. Escondido y aterrado, sin fiarme de nada y de nadie y por eso no volví a la colonia. Pero hace unos días decidí regresar. Seguía muy asustado, así que las tres o cuatro veces que fui, me quedaba alejado, observando, alerta por si volvía aquel enorme perro.

Pero necesitaba que me ayudasen. Las fuerzas se me estaban acabando, y ya no podía demorar más el pedir ayuda. Así que la semana pasada, cuando llegaron, allí estaba yo, esperando en el sitio donde dan la cena, paciente y confiado.

No se qué les pasó por la cabeza cuando me vieron, pero pusieron cara de susto, y una de ellas salió corriendo a buscar una caja de plástico (trasportín creo que lo llamaron), mientras que la otra se quedaba allí dándome de comer para que no me fuera. No me gustan los transportines, pero no me resisití y entré sin rechistar, sabiendo que nunca me harían daño.

En esta semana ya me han llevado dos veces al veterinario. La última vez además de pincharme de nuevo para sacar sangre, me hicieron una foto de los huesos, me pelaron la barriga y me pasaron una cosa con un gel frío por la barriga para ver cómo estaba todo por dentro. No entiendo mucho lo que habláis los humanos pero si que entiendo que salieron de allí muy tristes, y no sé por qué. Hablan de fase terminal, leucemia, linfoma, poco tiempo, y yo no entiendo nada. Sólo se que ahora no tengo miedo, que me dan de comer comida muy rica, mimos y cariño, y que no quiero que esto acabe nunca, aunque se que no lo hará porque sus manos, sus palabras y sus caricias me dicen que ahora puedo estar tranquilo, que soy querido, que ahora por fin, puedo ser feliz, ya sean 4 días o los 3 meses de los que hablan. Y me siento afortunado también porque he tenido más suerte que algunos de mis hermanos que murieron envenenados o enfermos solos en la calle. Si, me siento afortunado.



La historia de Ricky es real. Este abandono masivo fue denunciado en su momento ya que el abandono de un animal doméstico está tipificado en el código penal.

A Ricky lo dimos por muerto hace meses. Nuestra alegría por volver a verlo se convirtió en preocupación al ver el estado en el que estaba. Increíblemente delgado y débil, babeando, los ojos llenos de legañas, la nariz moqueando, la cabeza ladeada sin poder ponerla recta y un bulto enorme en el cuello. Estaba tan mal que pensamos que no pasaría la noche. Tras analíticas, tests, radiografías y ecografías, se confirmaron las sospechas. Ricky se está muriendo. Tiene leucemia en fase activa. Los glóbulos rojos a poco más de 15. Los glóbulos blancos subiendo cada vez más a pesar de los antibióticos. con líquido en la cavidad abdominal que podría concordar con un PIF húmedo, pero siendo leucémico también puede indicar que se está formando un linfoma en algún lugar de su cuerpo y por eso sus intestinos están exudando. Sabemos que no le queda mucho. Quizás unos días, quizás dos o tres meses, pero mientras Ricky esté contento, tenga apetito y ganas de vivir, quiera mimos y no esté sufriendo, Ricky continuará disfrutando en su casa de acogida del amor y cariño que todos ellos merecen y que nunca debería negárseles. Ricky también está recibiendo tratamiento y cuidados veterinarios acordes a su enfermedad. En una semana ha hecho un cambio espectacular para bien, pero sabemos que la enfermedad se lo está llevando.

Gatos con Alma se creó para ayudar a aquellas almitas que lo necesiten y que día a día luchan por sobrevivir en la calle. Nunca optaremos por la opción sencilla si hay alternativas, y no mataremos a un animal porque sea más fácil, rápido y barato que ofrecerle cuidados veterinarios, tratamiento, tiempo y dedicación. Todas las vidas son importantes, y mientras el animal que lo necesite quiera seguir aquí, luchar y vivir con buena calidad de vida, se hará todo lo posible por que sus necesidades estén cubiertas.

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